Despedir a un Javeriano nos duele como familia, como fraternidad. Hay unos que se nos van, dejando el alma en trizas. Otros lo hacen en silencio como si hubiesen comenzado la eternidad desde hace tiempos. Y todos van dejando su huella, su memoria, su presencia. Quisiera pensar la Pascua de mis hermanos como un acto de gratitud, decirles a grito partido: Gracias.
Conocí a Oscar Osorio desde mis años de Filosofía. Fue nuestro profesor de historia eclesiástica. Fueron clases muy aburridas con un profesor que se limitaba a hacernos leer un texto en clase. Su mirada nos asustaba, el tono de su voz, causaba pánico. Llegaba en esos días de Duitama en donde había sido rector de un colegio. Parecía que nos viera como sus colegiales. Le temblábamos a sus preguntas y a sus exámenes. No lo volví a ver hasta cuando fue nombrado consejero en remplazo del P. Absalón Martinez.
Después de eso, volví a perderlo de vista hasta cuando lo encontré en el Celam. Fue en esa época cuando descubrí al Oscar Osorio deslumbrante. Por esos días se celebraba el tercer COMLA en Bogotá. Toda la organización estaba en manos de Manuel Agudelo quien era el Director de OMP nacionales. Fue una lástima que no hubiese entendimiento entre el Director de las OMP y el Secretario del Demis: Dos javerianos en puestos claves para una única Misión. ¡Genio y figura!
Lo visité varias veces en la Parroquia del Divino Niño en Buenaventura. De seguro que caló hondamente en su alma esto del encuentro permanente con los grupos humanos de esa región. La figura de Valencia Cano nos ha marcado a muchos javerianos. Los talleres que realizó el Demis bajo la presidencia de Gerardo Valencia también marcaron ruta en la visión de Oscar Osorio. Y comienza a fraguarse en su interior una opción radical por los “desplazados”, los que Francisco llama hoy “descartados”.
A su inteligencia que, es brillante, añade su carácter, su temple, una decisión que supera obstáculos y busca medios. En Saravena organiza una cooperativa de vivienda para víctimas de la violencia y gentes pobres de la región. Allí comienza de la nada. El Superior General de ese tiempo en el IMEY, irá en su ayuda.
Cuando asume el IMA, éste atravesaba una crisis total. Eran veinte o veintidós alumnos. Se nos moría el IMA. Aplico el pensamiento de Albert Einstein cuando dice: “La crisis es necesaria para que la humanidad avance. Solo en momentos de crisis surgen las grandes mentes”. Y Oscar Osorio llega en esa hora de crisis. Mejor, es su hora.
Fue el momento estratégico para comprar y vender sueños. Aquellos que definen la opción por las minorías, la etnoeducación, la descentralización de la formación a nivel superior, el encuentro intercultural, la reivindicación de nuestras culturas originarias, el derecho denegado por generaciones a la titulación de quienes llevan la sangre patria en las fronteras también culturales, sociales, políticas, religiosas. El IMA recobra así, su puesto de honor en las aulas académicas, reservadas hasta ahora a las élites.
Dentro de Oscar Osorio se cuece un volcán de amor al IMEY: Arde en la pasión por las raíces primigenias de Contento, el Espíritu del Santo Fundador, la espiritualidad IMEY reivindicada desde su centralidad: La Santa Trinidad, la fe que mueve montañas y, no menos importante, o quizás la fuente de inspiración: La Misión mas allá de las fronteras, cifrada en una opción radical por los pobres. Y para eso la exigencia de un Instituto pobre y con los pobres.
Su mirada, a veces, oteando en la inmensidad de sus afectos y pasiones, lo situaba en la contemplación. Estrictamente, la contemplación en acción. No un místico perdido en las nubes. Una espiritualidad que parte de la realidad, conoce la realidad y lucha por transformarla. Ese es el verdadero hombre espiritual. Me quito el sombrero ante este gigante de espiritualidad IMEY.
Sus posiciones críticas, radicales, enjundiosas lo hacían aparecer como un especimen raro. De esos que en el IMEY van desapareciendo o por en extinción o por inacción o por intencionalidad premeditada. De ahí que muchos lo miraban mal, lo dejaban en soledad “sonora” orquestada sólo por valientes que prefieren la vanguardia a cualquier retaguardia, o el silencio a la cobardía cómplice.
Su muerte nos deja un legado imperecedero. Tenemos que desempolvarlo con la misma sutileza y sabiduría con las que debemos tratar de rescatar al Santo Fundador y el espíritu acrisolado de muchos javerianos que duermen en el anonimato, en el olvido, peor, en la ignorancia. ¡Ignorados por conveniencia!
Rindo mi tributo de admiración al Padre Oscar Osorio. Tuvimos encuentros que terminaban en desencuentros, pero con la palabra dada de seguir buscando los mismos fines, aunque con diferentes metas. A través de su vida y testimonio, el IMEY se me hace grande y se agiganta mi pasión por las causas nobles que defendió, cultivó y desarrolló nuestro hermano.
Parodiando a Bob Marley, termino: No vivió para que su presencia se notara, sino para que su ausencia se sintiera. ¡Qué dolor! Paz en su tumba.
jesus e. osorno g. mxy
Cochabamba 16.04.21











