En el ojo del huracán de la historia colombiana
Santiago Guzmán P. mxy
Misionero en Costa de Marfil
Se volvió cotidiano para los colombianos escuchar sobre asesinatos y masacres. Ayer una noticia Colombiana informaba sobre las espeluznantes estadísticas de violencia en Colombia. La noticia de 5 hombres asesinados en la vereda la Sierra del municipio de San Vicente del Caguán, sumaban, para este año 2021, 46 masacres y 175 muertos (según informe de Indepaz, último registro, junio 28). A esto se le suma el dato de Human Rigths sobre las protestas, en las que se registran 81 presuntas muertes, de las que sólo 42 son confirmadas, siendo 3 ocasionadas a policías; aunque para indepaz se confirman 74 muertes. Eso sin contar los más de 900 líderes sociales asesinados en los últimos años o los homicidios selectivos.
El informe “Basta ya” del CNMH (Centro de Memoria Histórica, 2013, pg. 47) mencionaba 11.751 muertes en 1.982 masacres cometidas por actores armados entre 1980 y 2012, ejecutados de la siguiente manera: 58,9%, grupos paramilitares; 17,3%, guerrillas; 7,9%, Fuerza Pública; 14,8%, grupos armados no identificados; 0,6%, paramilitares y Fuerza Pública en acciones conjuntas; y 0,4%, otros grupos.
Al parecer las cifras más violentas de muertes en la reciente historia colombiana se registraron entre 1998 y 2006; sin embargo, lo que se nos revela hoy en los dos últimos años demuestra que después del 2006 estuvimos en el ojo de un huracán, es decir, en un descanso falso de la sanguinaria violencia. Hoy, al comparar las estadísticas, podemos decir que no hemos salido de la espiral de muertes sino que al parecer se recrudece cada vez más. ¿Dónde ha estado la Iglesia en semejante carnicería histórica? ¿Acaso no somos el país del sagrado corazón? , o, ¿Es la imagen del sagrado corazón un grito histórico para que cese la carnicería? ¿En términos misionológicos, estas cifras reflejan el fracaso de evangelización de la cultura colombiana?
Considero, con el alma consternada, que hoy debemos gritar ante la barbarie Colombiana, y unirnos, desde la teología y desde la Iglesia, a esa reflexión de los teólogos de Auschwitz, a quienes les toco pensar sobre la barbarie y el dolor de la crisis humana más grande de la historia que reflejó el fracaso de la modernidad occidental, el holocausto Nazi. Después de Auschwitz, se decía: “Dios ha muerto”[1]. Y no es para menos, pues ante tal magnitud de tanta barbarie, no se podría decir nada más en los ambientes religiosos, sino un silencio profundo clamando a Dios caminos de paz. Proclamar la muerte de Dios, significaba, reconocer que se había perdido la humanidad, que la sociedad había perdido el sentido de Dios, que la teología y la pastoral se privatizaron, se encerraron y no lograron tocar los corazones de las cultura, en otras palabras, la evangelización había fracasado; y por tanto, todo debía replantearse.
La muerte de Dios en sentido teológico significaba, para Metz, el llamado a una necesaria teología política, frente a esto él afirmaba: “no existe ningún Dios al que se pueda adorar a las espaldas de Auschwitz”; en nuestro caso se podría parafrasear: no existe pastoral o teología a espaldas de la barbarie Colombiana.
El Dios del antiguo testamento es un Dios, creador, padre, y garante de la humanidad de su pueblo, por eso perdonó a Caín, liberó de la esclavitud a su pueblo en Egipto, por eso la idea del Mesías, de la tierra prometida y de su bendiciones y protección; por la misma razón, todos los profetas se levantaron a denunciar la inhumanidad, por ejemplo, ante sacrificios humanos al dios Baal. De igual forma, por eso en Jesucristo el proyecto del reino de Dios significaba la presencia viva de Dios: se sanaba, se enseñaba y se calmaba el hambre; con la era mesiánica de Jesús, se cumplía el deseo de Dios de aplacar el sufrimiento del humano. En definitiva, la medida de nuestro Dios es la dignidad humana.
Todo lo anterior implica, pastorales pensadas hacía la sanación histórica, grupos de oración por la paz, grupos y acompañamiento para elaboración de duelo, acompañamiento organizativos a las víctimas del conflicto (a la luz de nuestro beato Jesús Emilio símbolo de la paz colombiana), diálogos de paz y catequesis de perdón encaminadas a crear condiciones para resolución de conflictos, creación de signos y cultura de paz, una Iglesia enterada de la realidad y denunciando la violencia, construcción del tejido social hacia una paz integral (cooperativismo y trabajo), entre muchas otras iniciativas que suscite el espíritu….. Si nuestra teología, ritualidad y evangelización no se encamina al proyecto de Dios, es decir, se hace si se hace a espaldas del dolor histórico y se alínea a la barbarie, entonces: Dios ha muerto….
Bibliografía
- P. Espinosa, Johann Baptist Metz y la teología cristiana “después de Auschwitz”, revista Cuestiones Teológicas, Medellín-Colombia, Vol. 43, No. 99, Enero-junio, 2016, pp. 133-147
- Centro de Memoria Histórica (2013). ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General Grupo de Memoria Histórica. Pp. 47
- Informe Indepaz masacres 2021 último registro, junio 28 referencia virtual: http://www.indepaz.org.co/informe-de-masacres-en-colombia-durante-el-2020-2021/
- Informe Indepaz asesinados en las marchas 2021http://www.indepaz.org.co/victimas-de-violencia-homicida-en-el-marco-del-paro-nacional/
[1] La frase “muerte de Dios” es una controversia desde distintas sentidos: 1. Sentido teológico: que afirma que Dios murió, porque entiende la unión hipostática y la pericoresis se entiende que Dios se encarnación y murió en la cruz. 2. El sentido filosófico: Nietzscheano, que algunos interpretan como la negación de la existencia de Dios y otro cómo la reformulación de las imágenes de Dios. 3. Los teólogos de Auschwitz, quienes afirmaban que ante el holocausto judío se refleja que la inhumanidad había perdido el sentido de Dios y por tanto la teología se había privatizado, no habló a lo social-político de su época. 4. Sentido pastoral: de secularización: afirmar una época en la que se prescinde de Dios y, por tanto, los teólogos debe estudiar cuando sucedió y en qué consistió, para responder al hombre secular.
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