En los últimos aportes de javerianos a la 13 Asamblea General, encontré esta perla: “El IMEY es un don”. Si ‘Don’, recibido; si recibido, agradecido; y si agradecido, correspondido. Esto nos abre un horizonte nuevo en nuestra conversación hacia la 13 Asamblea…
Un proverbio inglés dice: “El próximo nivel o etapa de tu vida te demandará una diferente versión de Ti mismo”. ¿No es acaso la 13 Asamblea General una nueva etapa del IMEY? Nueva es nueva y la estamos preparando en moldes gastados, cansados, repetitivos. Hasta ahora ningún rasgo de novedad, de creatividad que nos diga: Aquí vamos a generar, potenciar el IMEY DEL FUTURO, nuestro IMEY querido, acunado en el DON santo del Fundador que nos invita cada día a hacer nuevo el don recibido.
¿Cómo hacer nuevo este Don? Es la pregunta del millón. ¿Será que cada Javeriano se la estará haciendo? Y nos la deberíamos hacer todos a no ser que en mente, corazón, espíritu, fraternidad nos encontremos gastados, por no decir, agotados, sin esperanza.
Planteo cosas rápidas.
Lo primero: No queremos asistir a nuestros propios funerales.
Noto cansancios, aburriciones, apatía, desazón. Si esto apareciera como una crisis, no me chocaría: Tendría su lado positivo, tendría solución. Pero aparece como un estado que se cataloga como normal, como un algo que subsiste y que nos muestra un cuadro de degeneración, de agotamiento irreversible. Entonces, el asunto es crítico. Si el organismo no crece, se degenera, se acaba. En nuestra cultura Quechua cuando se dice que alguien se acabó, fue que se murió.
Caminamos en un vaivén entre optimismos que nos enceguecen y comenzamos a decir que todo anda bien, y algunos lo dicen a voz en cuello: Vamos muy bien. Y al otro extremo podrían estar los llamados ‘equilibristas’ que lo plantean más suave e ignoran la problemática en su totalidad. Aquí entra un grupo, nada pequeño, de aquellos a quienes no les importa lo más mínimo el IMEY.
Al IMEY le falta plantearse con corazón firme y limpio su verdad, la verdad del IMEY. No desconozco las cosas bellas del IMEY, pero encuentro un sustrato que corroe con fuerza inédita nuestras virtualidades y nos va dejando tirados a la vera del camino. El proceso de preparación de esta Asamblea me lo dice con claridad. Las encuestas que nos están proponiendo con sus preguntas cada vez más inútiles, habla a las claras de que no se toca a fondo la realidad IMEY y que nos hemos estancado.
Lo segundo: ¿Somos felices en el IMEY?
Me quedo con la aclaración que hace John B. Sheerin: “La felicidad no son nuestras circunstancias, sino nosotros mismos. No es algo que vemos, como un arco iris, o algo que sentimos, como el calor del fuego. La felicidad es algo que somos”. Y ese “algo que somos”, lo somos como personas y como colectividad, es decir, cada miembro del IMEY y el IMEY en su totalidad. Me da dificultad encontrar Javerianos felices. Los veo desconcertados, aturdidos. Lo más grave, no realizados. Estamos muy preocupados de ‘recibir’ del IMEY… Y eso no va ni con el IMEY, ni con nosotros mismos, ni con nuestra felicidad. Ya Pascal lo decía: “La felicidad es algo maravilloso: Cuanto más entregas, más recibes”.
Michael Sandel, considerado “el profesor más popular del mundo” en Harvard, en su cátedra sobre la felicidad y otras asignaturas más, ha roto todos los records de asistencia en alumnado en todas las universidades de USA. “Cómo ser feliz”: el secreto del éxito del curso más popular en la historia de la Universidad de Yale, es su curso estrella. Mi pregunta: ¿Tendríamos que matricularnos en ese curso? ¿No sería mejor ser nosotros por vocación, por identidad, por testimonio, como IMEY y como personas, una cátedra de felicidad para los demás? Cátedra ambulante, diciente, actuante, testimonial…
La felicidad desgrana a torrentes, conceptos como madurez, realización humana, equilibrio emocional, calidez de vida, relaciones cualificadas, metas definidas, espiritualidad honda, proyecto de vida confrontado permanentemente con la realidad, inmerso en el futuro, en actitud de cambio y de renovación activa, creativa. ¿No será éste el IMEY que queremos? ¿No será ésa la plenitud de felicidad por la que suspiramos cuya hambre se hace sentir en forma de vacío dentro de nosotros?
Jaron Lanier, una de las voces más respetadas del mundo tecnológico, un visionario que ha ayudado a crear nuestro futuro digital, ha escrito un libro, “El amanecer de todo lo nuevo”. Allí se plantea dos cosas que me parecen importantes para nuestro IMEY hoy: 1. Sumergirse en la realidad como un proceso “transformacional”, como “abrir un nuevo plano de experiencia”. Y 2. El plantearse un mundo alternativo, algo que responda a nuestras inquietudes y dé razón de nuestro futuro. El IMEY posible que todos buscamos, anhelamos, queremos.
No es nada fácil, pero hay mucha gente que ya va abriendo brecha. Lo que nos hace falta es un pequeño sacudón que nos diga en dónde estamos, cuál es nuestra realidad concreta, cuáles nuestras virtualidades y cuáles nuestros pequeños o grandes problemas. Pero quedarse satisfechos en aras de la mediocridad, o incapacidad o desinterés total, sería ya un signo de estado crítico para el IMEY.
Propongo tres pasitos simples, diáfanos para avanzar un poco:
El primero: San Pablo le pide a su discípulo Timoteo, “Reaviva el don de Dios que has recibido” (2 Tim 1, 5). “Reaviva” es decir, ‘atiza’, sopla, recrea, vitaliza, renueva. ¡Cuántos imperativos más de este ‘reavivar’!. Al IMEY como Don también tenemos que someterlo a este proceso de ‘reavivar’. Todavía queda un rescoldo, creo que suficiente para ‘reavivar’. Hay que atizarlo con mucha leña, hay que soplarlo con el viento impetuoso del Espíritu Santo, hay que recrearlo con la fuerza del Génesis, hay que vitalizarlo en novedad, hay que renovarlo con el ímpetu de Ezequiel en el Valle de la sequedad. Aquí entran todas nuestras energías, nuestras potencialidades, nuestra pasión por la vida, por el IMEY.
Lo segundo: Un lenguaje más propositivo, más inclusivo, más creativo. Un lenguaje que asuma nuestra realidad sin tapujos, en proceso “transformacional”, desde la “experiencia profunda”. Un lenguaje menos legalista, ritualista, más espontáneo, más desde nuestra realidad, más desde la vida fraterna en mirada honda de recuperación de sentido.
Y lo tercero: Asumir con sus riesgos y valentía “nuestro SER MISIÓN”. La Misión es avanzada, recreación, es novedad, es juventud, entusiasmo, vitalidad, esperanza. ¿Por qué, entonces, nos paralizamos, nos aquietamos, nos volvemos repetitivos, ritualistas, cansados con el bostezo al hombro, sin horizontes? Si conjugamos en nuestra andadura todos los continentes, las culturas todas, lenguas, diversidades, ¿por qué y mil veces por qué nuestra pesadez, nuestra rutina, nuestros cansancios?
La 13 Asamblea necesita una inyección de cambio en su timón. Estamos en alta mar, hay que hacerlo en la novedad del Espíritu. Nuestro IMEY es un ‘don’ que no se puede esconder, ni guardar. Hay que aquilatarlo, ‘apapacharlo’…
Cochabamba 08.06.18
jesús e. osorno g. mxy
