CINCUENTENARIO DE LA PASCUA DEL VENERABLE
MIGUEL ANGEL BUILES GOMEZ Padre Libardo Castaño mxy
“EL REINO DE DIOS SIGNO DE ESPERANZA”
ANUNCIA, DENUNCIA, RENUNCIA
Con motivo de los 50 años de la muerte y resurrección del Venerable Miguel Ángel Builes que se
cumplen este 29 de septiembre, e iluminado por el lema y el tema que propone la Comisión de
Espiritualidad MAB, me he dado a la tarea de buscar iluminación en las Actas de las visitas pastorales
del señor Builes, a fin de dar un poco de inspiración a la que podría llamarse una espiritualidad y una
inspiración pastoral, para nuestros tiempos actuales.
No hay duda de que toda pastoral, o pastoreo, o como queramos denominar la labor misionera que
realizamos los hijos del Venerable monseñor Builes, debe tener una inspiración espiritual, un gozne
desde donde surge el celo por el anuncio del Reino de Dios.
Los tres verbos que ha elegido la comisión de espiritualidad MAB, para esta sexta semana
(anunciar, denunciar, renunciar), los encontramos conjugados en todos los tiempos y personas en las 402
Actas de sus visitas pastorales a las parroquias, pero también a través de todos sus escritos. Me limitaré
solamente a husmear estos verbos que, aunque en un lenguaje ya un tanto anacrónico en sus Actas de
visitas, sus intuiciones son muy válidas e iluminadoras para la realidad que vivimos hoy.
La imagen más común que se ha forjado el país y quienes solo conocen la vertiente política y
social del Fundador, es la de ser moralista, la del político partidista, la del obispo que persiguió al
liberalismo. Es una imagen sesgada de este grande personaje. Ciertamente, no fue “perro mudo” ante la
situación del país, los atropellos contra la dignidad de la persona humana, su lucha por defender la
Iglesia, todo el acontecer nacional que no le es indiferente. Pero la dimensión del que ANUNCIA, del
que se preocupa por el bien, por el anuncio del evangelio, por la verdad revelada, no es menos
importante como lo veremos.
I. ANUNCIA
En cuanto al verbo “anuncia”, hay una realidad que tortura y golpea el corazón y el alma del señor
Builes y que él llama “ignorancia religiosa” y el ánimo que infunde a los padres de familia y a los
venerables curas párrocos a ANUNCIAR la verdad del Evangelio, a lo que le da el nombre de su tiempo:
“doctrina cristiana”. El Fundador, en una visita que hace a la parroquia de Guadalupe urge a los padres
de familia a dar una “educación catequética sólida y una formación moral” a sus hijos (Visita Pastoral a
Guadalupe, 1925, tomo I, pg. 111).
En aquel tiempo, el sacerdote era ante todo el hombre del culto, del altar. Solo el Vaticano II,
treinta y siete años más tarde, vendría a enfatizar que el presbítero en primer lugar y antes de ser
ministro de los sacramentos, es ministro de la Palabra de Dios: “Es deber primordial del presbítero,
anunciar a todos el Evangelio de Dios…ya sea por medio de una conducta edificante, ya sea predicando
abiertamente a los no creyentes, les anuncie el misterio de Cristo, ya sea enseñando la catequesis o
exponiendo la doctrina de la Iglesia, en fin procurando estudiar a la luz de Cristo los problemas de su
tiempo…”(P.O. 4). Pues al venerable señor cura párroco le va a recomendar que “establezca los
catecismos rurales”, que “mueva su celo apostólico a la vista de esa deplorable ignorancia y no pierda
ocasión para enseñar al que no sabe, ora en confesiones, ora en viajes misioneros realizados con este
fin…sea la lectura favorita del pueblo el catecismo de la doctrina cristiana” (id. Pg. 115).
Cinco años más tarde en otra visita pastoral a la misma población de Guadalupe escribe: “Ha
mejorado un tanto la institución catequética y por lo mismo, hemos notado un adelanto apreciable, pero
no es el ideal, ni mucho menos. Insistimos en que se propaguen por todos los campos el precioso librito
que se llama la doctrina cristiana y que todo los niños y ancianos la estudien, pues ella enseña a ir al
cielo. Como en la última visita pastoral autorizamos al venerable señor Cura que de los fondos que
pueda consiga varios centenares del catecismo y los reparta por la parroquia…no ha de faltar algún
rico generoso que le regale mil catecismos que valen solo cincuenta pesos y educan mil familias”
(Visita Pastoral, Guadalupe, 1930, tomo I pg. 454).
En visita a Toledo (1926, Tomo I, pags. 169–174) dando estrategias concretas para conocer la
doctrina, escribe en el acta de visita: “Salgan los fieles del detestable error de creer que el estudio del
catecismo es únicamente para los niños… aún los ancianos de ochenta años están obligados a estudiar
la doctrina cristiana que es, lo repetimos, la ciencia del cielo. El segundo medio de aprender la verdad,
es escuchar la Palabra divina para obrar en consecuencia con ella y ser bienaventurado según aquellas
palabras de Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio: “Bienaventurados los que escuchan la Palabra
de Dios y la practican (Lc. 11,28)”.
Es notable la diferencia y el avance con el correr de los años. Mientras en las primeras décadas de
sus visitas, se limita a pedir a los párrocos que difundan la doctrina cristiana a través de los catecismos,
en las últimas décadas sugiere medios pedagógicos y personas, como laicos, organizaciones de
cofradías, movimientos laicales, medios de comunicación como la radio Sutatenza, para que llegue a
todos los rincones de su diócesis y parroquias, la instrucción religiosa y el Reino de Dios.
II. DENUNCIA
Los profetas del Antiguo Testamento, denunciaron la idolatría, el olvido de la Alianza con
Dios, el incumplimiento de los mandamientos que eran el medio para mantener la comunidad
unida. El señor Builes, conocedor de la realidad de su diócesis y de cada parroquia, DENUNCIA
todo lo que a su juicio se opone al querer de Dios y destruye no solo la familia sino la comunidad
en general. Es muy consciente de las diversas situaciones negativas, que a la larga estaban
degradando no solo la relación con Dios, sino también las relaciones familiares y la convivencia
social. Es controversial la denominación de monseñor Builes como profeta. Para algunos, como el
padre Oscar Osorio mxy, no dudó en llamarlo “Profeta del acontecer nacional” y expone algunos
argumentos. De lo que sí no hay duda es que fue en América Latina, profeta de la misión y de la
misión ad gentes y defensor acérrimo de la Iglesia y de sus derechos. Si en algo se equivocó,
tampoco es para escandalizarnos o condenarlo. Quienes no nos atrevemos a decir nada, a escribir
nada, a hacer nada, entonces no corremos ningún riesgo y esta sí que es una posición cómoda,
antiprofética.
En una de sus visitas, siente el impulso profético y escribe así: “Al comenzar este auto de
visita, nos viene a la mente aquellas palabras del profeta: ‘Clama, no te canses. Como una trompeta
levanta tu voz y denuncia a mi pueblo sus pecados y a la casa de Jacob sus crímenes’, y aquellas otras
de San Pablo a su discípulo Timoteo: ‘Arguye, suplica, reprende con toda paciencia y doctrina’. Es que
hay tantos males que corregir, que no podemos menos de clamar, no sea que se arraiguen más y más
los vicios que deploramos y que la maldición de Dios caiga sobre el pueblo” (V.P. a Santa Rita, 1926,
Tomo I, pg. 253–257).
Las denuncias de monseñor Builes eran bien fundamentadas en la realidad de las parroquias.
Iba a los libros parroquiales para constatar las uniones libres, los matrimonios realizados,
conversaba con los párrocos, con la gente y se enteraba muy bien de los males morales. Sus visitas
eran verdaderas misiones y se sentaba a confesar si era necesario hasta altas horas de la noche.
Esas confesiones también le daban un conocimiento más completo de la realidad moral de las
parroquias.
Con breves citas, me limito a enumerar los principales males morales que monseñor Builes
denuncia:
El primero y que subraya como causa de otros muchos males, es la ignorancia religiosa. Mal
que combate como quedó descrito en la primera parte, con el anuncio de Jesucristo, su doctrina y
su reinado. Le duele mucho la indiferencia religiosa y la lamenta de que algunos de los feligreses,
han dejado las prácticas religiosas y constata un desprecio por la escucha de la Palabra de Dios
(Cfr. V.P. a San Jerónimo, 1931, Tomo I, pgs. 519–520).
Un segundo mal y muy en la línea del anterior y que constata en la cruda realidad de la
mayoría de las parroquias, es el alcoholismo. “El vicio del licor, tiene dominados a los fieles de modo
que no pueden verse casi nunca en el pueblo con ocasión de alguna reunión de importancia sin que se
embriaguen y presenten el triste espectáculo de hombres más envilecidos que los criminales” (V.P. a
El Tigre, 1925, Tomo I, pg. 30). Otro mal que le preocupa mucho y lo denuncia: La proliferación de
libros, folletos y periódicos prohibidos que “como bombas asfixiantes circulan, causando en las
inteligencias y en los corazones efectos pavorosos” (V.P. a Segovia, 1925, Tomo I, pg. 48;51).
También denuncia como un mal moral la superstición. Dice, “hay muchas supersticiones, los niños lleva amuletos y otros talismanes a los que los padres dan cierta virtud y no tienen los mayores y cargan oraciones y objetos supersticiosos en los que ponen una fe ciega, dando con ello culto al demonio, creyendo acaso que es la protección de Dios la que están invocando, cuando en realidad es el diablo” (V.P. a Zaragoza, 1925, Tomo I, pg. 57–60). Es también objeto de mucha preocupación la propagación de la inmoralidad y lo que él llama deshonestidad: “Nos aterra la propagación de la inmoralidad y en especial el adulterio. El juramento de fidelidad conyugal par un gran
número de nuestros amados hijos es un mito y los derechos conyugales son horriblemente pisoteados” (V.P. a Sabanalarga, 1932, Tomo I, pgs. 538–531).
A monseñor Builes le preocupa mucho los “hijos ilegítimos”. Cuando va a una parroquia, a través de los libros de bautismos y de matrimonios, se entera del porcentaje de uniones libres y de los hijos nacidos por fuera del matrimonio. También denuncia el juego que es “factor de la ociosidad y endurecedor de los corazones y
fuente de grandes calamidades” (V.P. a San Pablo, 1925, Tomo I, pgs. 17–18), la “violación de los
días santos” y la inasistencia a la Eucaristía de los domingos otra de sus grandes preocupaciones y
es una constante a lo largo de sus 402 visitas pastorales a las parroquias. Sus denuncias son
constantes y al hacerlo lo hace con tristeza y dolor, pero también con claridad, con datos concretos
y siempre animando a sus párrocos y a los padres de familia, como responsables primeros de una
sana moral.
A partir de las décadas de 1940, constata un aumento en los males morales. Si hasta los años
cuarenta denunciaba los males comunes que siempre han existido en la diócesis, en los pueblos, en
Colombia, como son la embriaguez, la prostitución, el juego, la indiferencia religiosa… ahora
constata que la situación avanza en franco deterioro. En una de sus visitas a Palmitas, reconoce
que “La corrupción de costumbres crece en todas partes en proporciones descomunales y esta
parroquia no ha escapado a esta fatal contaminación. De allí el adulterio, la fornicación, las
conversaciones impuras, la libertad en las costumbres… la embriaguez se absorbe en los tres meses
de la cosecha de café, los sudores de todo el año; el juego prosigue haciendo leña en muchos
individuos y en sus hogares” (V.P. a Palmitas 1941, Tomo II, pgs. 241–242). En otro lugar afirma:
“La corrupción de costumbres lejos de mermar aumenta de modo que se multiplican los adulterios,
los amancebamientos, la indiferencia religiosa para las prácticas cristianas como la confesión y la
comunión anuales y la asistencia al santo sacrificio de la misa los domingos y días festivos” (V.P. a El
Aro, 1940, Tomo II, pg. 203).
El 2 de febrero de 1947, escribió una carta pastoral sobre “Los males actuales de Colombia y
del mundo”, donde denuncia los vicios, el libertinaje y la indiferencia religiosa.
El 24 de febrero de 1959, escribe la carta pastoral sobre “La tragedia del alcoholismo”, en la
que describe qué es la embriaguez y su gravedad, las consecuencias del alcoholismo en Colombia y
en su diócesis y cómo deben reaccionar, el Estado, Colombia y los cristianos.
El 15 de febrero de 1961 escribe otra carta pastoral titulada “El Antidecálogo”. Anuncia una
gran misión diocesana del 15 al 30 de abril. En esta carta denuncia los males morales de Colombia.
Entre otros, la violencia, la embriaguez, los reinados y ferias de carnavales en los que dice, “reina
la vanidad, el orgullo, la embriaguez, la deshonestidad y muchos desórdenes más…”
III RENUNCIA
Monseñor Builes, profeta o no profeta, es un hombre que renuncia al miedo. La verdad, el
bien común, el anuncio del Reino, su celo ardiente, no le permiten quedarse callado. Renuncia a la
neutralidad, al silencio.
Renuncia a todo, para optar por Jesucristo y su reino. Para él, no hay apegos. Solamente se
apega a la verdad, a Jesucristo y renuncia al prestigio. No le importa lo que digan sus críticos. En lo
económico, hay que decir, que no se reservó nada para sí mismo, vivió y murió en absoluto
desapego y pobreza. Era todo para todos, especialmente para sus fundaciones. El IMEY alquiló una
casa en el barrio Calasanz para atenderlo en sus últimos días.
Algunos párrafos de Mi Diario describen las peripecias y las renuncias que tuvo que hacer al
realizar algunas de las visitas pastorales:
Dadas las escasas vías de comunicación y los deficientes medios de transporte, solía el
Obispo programar varias visitas pastorales por regiones. Esta vez salió para el Bajo Cauca. Esta
nos permite conocer una de esas renuncias que las características de su Diócesis le pedía con
mucha frecuencia: Temprano salimos para Valdivia, Puerto Valdivia, Puerto Antioquia y Caucasia, a
donde habríamos debido llegar a las cinco, o seis de la tarde; pero fuimos desafortunados. El motor
de la lancha se negó a funcionar un poco más abajo de Guarumo, y hubimos de pernoctar en pura
playa. Esta lanchita no tiene camarotes, ni tiene elementos de ninguna clase, ni un alimento. Las
Hermanas muy previsivas habían echado pan y dulces, y esto fue una providencia. Todos comimos
algo al llegar la noche. Pero por lo demás, no es envidiable para pasar así al descubierto una noche
entre esta nube de anofeles. ¡Pero qué nube! El padre Builes se fue a Guarumo a buscar una canoa
para bajar a Caucasia; pero no la había, en primer lugar; en segundo lugar, los bogadores se negaron
porque decían: con esta creciente y tantos maderos en esta noche negra, como boca de lobo, es
exponerse. A las diez de la noche regresa el padre con dos petates, dos sábanas, dos almohadas, dos
toldillos, y podemos recostarnos siquiera un rato al cubierto de los zancudos. Entre tanto los padres
soportaron las picaduras por millares. A las tres me despierto y cambio de oficio con el padre
Arroyave: él se recuesta y yo me pongo a matar mosquitos mientras el padre duerme hasta el
amanecer, roncando como una tempestad, en lo que sí me aventaja grandemente (Mi Diario
26.09.1945).
En 1950 el Obispo Fundador emprende su viaje al Vaupés para visitar a los Misioneros de
Yarumal: Muy temprano a los remos; pero esta navegación se ha tornado ya imposible. Los diez
metros de anchura de las bocas del Yí se han tornado en tres, y así empezamos a navegar tropezando
a cada golpe del remo con rocas y maderos caídos que hay que esquivar, o romper a hacha y
machete. No pasa una hora sin que los viajeros tengamos que saltar a tierra y trochar río arriba
hasta que los bogadores hayan salvado mil obstáculos al parecer invencibles. ¡Qué navegación tan
bárbara! En una de estas salidas, nuestro reverendísimo padre Gil ha resultado desafortunado. Es
que la maraña opone resistencias y los bichos protestan por las incursiones de estos asaltantes de sus
dominios. Como iba sin casco y no vio una nidada de magiñás (hormigas pequeñas) que tenían su
vivienda en una rama, les puso inocentemente la cabeza. Y aquí fue Troya. Un velo movible de
magiñás le cubrió en un instante la cabeza, la cara, el cuello y bajaba por la espalda sobre y bajo la
sotana blanca Bello el cuadro si no picaran como unos diablillos arrancando los pedazos.
Visitando pastoralmente la parroquia de Donmatías Monseñor Builes anota en Mi Diario el
deterioro que experimenta ya en su cuerpo: Noto que mis fuerzas de antaño se me van mermando,
pues no pude acompañar en el confesionario a los otros cinco sacerdotes que me acompañaban sino
hasta las 11 de la noche anterior, hora en que el venerable párroco empezó su hora santa de fin de
año, hora en que yo le dije a mi Dios: me voy a descansar mi Dios para reparar mis fuerzas y poderte
escribir al amanecer el auto de Visita que necesita mi pueblo. Recibí la bendición de mi amado Señor
y me recliné en mi lecho y así terminé el año de 1959, satisfecho de haber sufrido sin medida durante
los trescientos sesenta y cinco días de un año para mí atroz.
Cuando a las 4 a.m. de 1960 me desperté en este 1º de enero, me ofrecí como siempre al Señor y
le dije: “te ofrezco con todo mi corazón los trabajos y penas que me esperan en este año que acaba de
nacer; te ofrezco mis labores apostólicas, mis oraciones y mis penas como obsequio a Vuestra Divina
Majestad… Así proseguiré tranquilo en mi camino fragoroso, pleno de zarzales, pedruscos y
obstáculos hasta llegar al término. Pontifico a las 9, hago dos tandas de confirmaciones, atiendo a
centenares de personas que me traen sus centavos para la Basílica, termino el auto de visita y me
recuesto a reposar consolado de la labor mía y de mis sacerdotes, quienes habiendo confesado hasta
las 2. y 30 de la noche han madrugado hoy para celebrar, repartir a miles de fieles la Sagrada
Comunión, asistir a la Pontifical y confesar más y más hasta las horas del medio día de este 1º de
enero. (Mi Diario 01.01.1960).
Podemos decir en conclusión que MAB, renunció a muchas cosas, a muchas actitudes
comodistas y de indiferencia, a muchas comodidades, a silencios
cómplices.
CONCLUSION
No nos quede ninguna duda, nuestro Fundador conjugó
muy bien los verbos anunciar, denunciar y renunciar, pero los
conjugó en su vida, y con su vida, en su compromiso, en su
testimonio. Es por los frutos que lo conocemos.
Lo que importa no es tanto conocer la vida del Fundador.
Lo que importa no es solamente admirarlo. Lo que importa no es
ni siquiera defenderlo o sentirnos orgullosos de él. Lo que vale la
pena es dejarnos mover por su testimonio, vivir el evangelio y
con nuestras actitudes y con nuestra vida, seguir sus huellas
dando gloria a Dios, que era su pasión y su compromiso que era,
digámoslo en su lenguaje, “las almas”, y no solo las de su
diócesis, las del mundo entero, que era su ambición.
Ojalá todos, donde estemos, tratemos de hacer vida, ese
evangelio que él nos enseñó con su vida
